Se recorre los orígenes históricos de la veneración a las estrellas entre egipcios y caldeos y el simbolismo inherente a las constelaciones zodiacales. Fuster traza así una visita a los antiguos momentos de la cultura donde astronomía y astrología coinciden en descubrir en los cielos el brillo sagrado de dioses y los hilos del destino. Con seguridad, una de las primeras ciencias que ha explorado el hombre, ha sido el estudio de los cielos estrellados. Desde el comienzo de los tiempos, los cuerpos celestes y sus rítmicos y cíclicos movimientos aparentes, han ejercido una influencia fascinante sobre el espíritu humano. Por otro lado, al hombre también le han interesado los acontecimientos de su vida y de su sociedad. Explicando su pasado en el mito, experimentando su presente en el marco de una compleja liturgia e inscribiendo su devenir en él más inasible de los misterios; cuyo único desafío era develar su destino.
Desde tiempos paleolíticos, se ha observado que los movimientos de los cuerpos celestes concuerdan con ciertos sucesos aquí en la tierra. Los cambios estacionales tienen una estrecha relación con él transito solar, al igual que las crecidas de las mareas coinciden rítmicamente con las lunaciones. En Babilonia se han hallado catálogos astrales que se remontan a 1800 a. C. y en la biblioteca de Asurbanipal existían tablillas de agüeros que estaban basados en movimientos estelares. Con esta información como base, ya en aquella época, se pudieron establecer predicciones de sucesos con bastante exactitud como: eclipses, salidas y puestas de constelaciones, además algunos movimientos planetarios. No es extraño que pronto se pensara que tal como los dioses habitaban en los recintos de los templos, de la misma manera residieran en los cielos con mansiones propias. Para ellos, toda la cúpula celeste era como si fuera un mundo animado que a través de sus desplazamientos enviaban mensajes en "clave", que debían ser descifrados para conocer la voluntad de los dioses.
Por lo tanto, en este articulo, vamos a tratar de develar las cuestiones simbólicas, míticas y culturales, que llevaron a los hombres de la antigüedad a imaginar un "ejercito vivo" en lo mas profundo de los cielos estrellados.
LA APOTEOSIS Y LA ZONA ZODIACAL
Para los antiguos, el cielo era como una campana invertida cuya bóveda estaba constituida de metal liquido. Allí transitaban las estrellas, los cinco planetas conocidos, la luna y el sol. Sobre ella se trazaba el zodiaco.
El descubrimiento de esta zona, se le atribuye a los pueblos de Mesopotamia. Estos observaron el aparente curso del sol entre las estrellas, recorrido que actualmente se lo conoce como "eclíptica". Claro que fue recién para el siglo II a. C. cuando un astrónomo griego dividió el zodiaco en doce partes iguales de 39 grados cada una. De allí el nombre que todos conocemos, ZOON animales, DIAKON rueda, como que aquella bóveda celeste fuera una rueca de constante rotación habitada de seres vivientes o animas ¿quiénes eran estos seres?
En los mitos, se hablaba de siete familias primordiales, que fueron los primeros gobernantes conocidos y que en la actualidad habitaban cada uno de los planetas. Diodoro, nos habla que en Egipto los primeros reyes fueron dioses. Esta idea esta apoyada por la historia de Manetón. Después de haber terminado su mandato en la tierra, el rey deificado retornaba a la estrella donde se creía descendía su estirpe. En la tierra, el difunto adoptaba el símbolo de un animal, siendo el emblema de la tribu. En la tumba de Seti I(Dinastía XIX), existe una representación estelar que tenía como objeto indicar al difunto la posición exacta del cielo a la hora de su muerte, a fin de alcanzar la barca solar. Encontramos también, representaciones en los sarcófagos donde Nut abraza al difunto para restituirlo al mundo celeste. Esta creencia estaba extendida por todo el mundo conocido de aquel entonces. Los persas llamaban al planeta Júp! iter "Ta schter" o el guardián de Oriente, además de hablar de siete ángeles que presidían por cada uno de los planetas. Los chinos, ya hablaban de doce reinos feudales: "los Cheus", que existieron en el origen de los tiempos y que al morir fueron a habitar sobre cada uno de los signos del zodiaco. Lo mismo pasaban en la India con los doce "Adtyas" y en Grecia con los doce dioses del Olimpo.
Entre los hebreos, al zodiaco se lo conocía como "mazarot", según el targúm, "el que rodea a su tiempo señalado". Esto nos recuerda al símbolo del sello de Salomón, adoptado por las sociedades teosóficas medievales, cuya configuración muestra una serpiente en postura circular mordiéndose la cola, asegurando la rotación de las energías. Y la constelación de Kesil que corresponde a Orion, el cazador, que según algunos mitos recogidos del "midrashin" era Nemrod(el primer rey de Babilonia según el Génesis) deificado.
Por lo tanto, las constelaciones debían considerarse de la misma manera que entidades geográficas capaces de emitir mensajes del futuro. Por ello, los antiguos conocían a esta zona como el "estatuto de los cielos".
EL ESTUDIO DE LAS ESTRELLAS ENTRE LOS CALDEOS Y LOS EGIPCIOS
No es extraño que fuera en mesopotamia donde haya surgido esta ciencia y se desarrollara hasta esparcirse por el mundo antiguo conocido. Las impredecibles precipitaciones entre los ríos Tigris y Eufrates, hace que la crecida de estos sea inestable, lo que dificulta de manera considerable él poder contar con las cosechas en algún tiempo preciso.
Esta situación inevitablemente se vio reflejada en sus mitos y en su sociedad. En su titanomaquia, Marduk mata al monstruo Tiamat. Este antes de morir le entrega al dios Kingú las tabletas de los destinos, con ella podría escribir el porvenir de los hombres. Marduk con sus "flechas", "cual cazador", atraviesa el pecho de Kingú y se apodera de las tabletas. Desde aquel día, todos los años los dioses se reúnen en asamblea sobre la montaña de Anú, y escriben los destinos humanos hasta el próximo encuentro.
Esta creencia hizo que la clase sacerdotal (entre los asirios se les conocía como "Barú", que significa, "el que ve")tuviera el poder sobre la monarquía, acaparando la capacidad de realizar sus predicciones, cuyos mensajes podrían leerse tanto en los cielos como en las entrañas de animales. Se ha hallado una reproducción de arcilla de un hígado, que data del tiempo de Hanmurabi, de un lado estaba dividido en zonas que representaban el día y la noche. Sobre su borde estaban señaladas 16 secciones con el nombre de alguna divinidad que correspondía a una casa de la zona celeste. El hígado, o cualquier otra entraña de animales era una copia de los cielos en miniatura.
Entre los egipcios, el paso del tiempo y sus ciclos eran medidos con exactitud. Para ellos la bóveda celeste era un espacio vivo, era Nut (la dama o Reina de los cielos). Las tumbas y los templos nos proporcionan información acerca de su modo de observar el cielo, donde los bajorrelieves nos muestran listas de estrellas regentes y la fecha de su posición máxima y de su nacimiento. Desde tiempos muy remotos distinguían las! estrell as circumpolares, algunas eran llamadas irreductibles otras incansables. Ya para el Imperio Nuevo, encontramos tablas dividiendo el cielo en 36 trozos de diez días cada una, constituyendo en ciclo anual.
Entre los planetas conocidos por los egipcios estaba: Saturno (Horus); Marte (Horus viejo); Venus(Osiris en relación con Isis); Júpiter(Amon); Mercurio(Seth); La luna (Toth) y el Sol(Ra). Estos recorrían las casas zodiacales conocidas como el Dragón, representado como un hipopótamo; La Osa Mayor, como una vaca; La Osa Menor como un perro y Sirio como una espiga.
Tanto en Grecia como en Roma, la influencia caldea y egipcia se hizo sentir. Nosotros nos referimos a los planetas con nombres romanos, pero estos los habían adoptado de vocablos babilonicos y simplemente los transliteraron a su lengua vernácula. Vale decir que, al planeta Istar se lo llamo Venus, al planeta Marduk se lo llamo Júpiter y así sucesivamente. De ellos heredamos estos conocimientos en nuestra cultura occidental.
Hoy la astrología domina el interés y las vidas de millones de personas, entre ellas funcionarios y gobernantes. No obstante, sería interesante tratar de develar el simbolismo y el origen de los doce signos del zodiaco.
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